Cuando ocurre un terremoto comienzan a llegar noticias donde se mezclan conceptos que en conjunto muestran una radiografía completa del fenómeno. Sin embargo, posiblemente no queda muy claro qué diferencias existen entre ellos. Esta es una guía para entender la terminología que define a un seísmo.

Diferencias entre magnitud e intensidad

Como contábamos hace unas semanas, el problema no es sólo del público en general, muchos medios se lanzan a hablar de “terremotos de 7.1 grados Richter”. Es un error de base, ya que se están relacionando medidas que no tienen nada que ver entre sí. Para que nos quede claro, olvidémonos de Richter cuando hablamos de terremotos como el ocurrido en México, y simplemente centrémonos en el concepto “magnitud”.

Cuando ocurre un terremoto, su tamaño se determina según la extensión del área de ruptura en el plano de falla, es decir, la longitud y anchura de esa ruptura, de lo mucho que se “rasga” la tierra. Estos determinan la cantidad de energía que ha liberado el fenómeno y, por tanto, la amplitud y frecuencia de las ondas sísmicas que produce.

Magnitud: Objetiva. Intensidad: subjetiva

En seísmos como los ocurridos en México en septiembre de 2017, se libera una cantidad enorme de energía, una que en los pequeños no se da. Es justamente en este punto donde los sismólogos miden esta energía. ¿Cómo? Con las escalas de magnitudes (M).

La magnitud de un seísmo, al ser una medida de energía, es siempre objetiva. Las escalas de magnitud sísmica son logarítmicas, es decir, que representan una valoración cuantitativa (como instrumento) de la energía que libera un terremoto. Lo hace basándose en el desplazamiento del terreno registrado en los sismogramas.

De su explicación surge una nueva pregunta, ¿y cómo comparamos un conjunto de terremotos? En este caso hay que entender que la energía liberada siempre es proporcional a la magnitud, sin embargo, un incremento unitario en la escala de magnitudes es el equivalente a un incremento de energía 30 veces mayor.

Si no te ha quedado clara la definición, piensa en la ecuación. Cuando hablamos de un terremoto de magnitud 8, este libera 90 veces más energía que uno de magnitud 5 (30×3=90), aunque se requieren nada menos que 27 mil terremotos de magnitud 5 para producir la misma energía que se libera durante uno de magnitud 8 (30x30x30=27.000).

Terremotos de magnitud 8 o superior desde 1900. Wikimedia Commons

 

Si más o menos ya te has hecho una idea de lo que significa la magnitud, ¿qué demonios significa entonces la intensidad? Aquí llega otro error muy común (incluso en medios), atribuyendo a un terremoto “intensidad 7.1”, esto es totalmente incorrecto porque, como ahora sabemos, lo correcto es hablar de “magnitud 7.1”.

Cuando nos referimos a la intensidad hablamos de una descripción cualitativa de los efectos de los terremotos. Por tanto y a diferencia de la magnitud, es subjetiva. La intensidad de un terremoto está basada en tres criterios. En primer lugar, la percepción humana del acontecimiento. En segundo lugar, los efectos que ha tenido sobre las estructuras, los daños en edificios. En tercer lugar, los efectos que ha tenido sobre el medioambiente y el terreno.

Falla de San Andrés. La posibilidad de un terremoto es tan grande en California, que es una de las más altas del mundo. Wikimedia Commons

¿Cómo se mide?

Al ser cualitativa es más variable, pero por ejemplo existe la escala de Mercalli o la Macrosísmica Europea, mediciones en grados donde se evalúa la intensidad a través de los efectos y daños sobre las estructuras del seísmo.

Sea como fuere y para que no existan dudas, la intensidad depende por completo de la magnitud, ya que varía según la cantidad de energía liberada por el terremoto, además de encontrarse condicionada por la proximidad del epicentro, la calidad de las estructuras, las características geológicas… Dicho de otra forma, mientras que cada terremoto sólo puede tener un único valor de magnitud, el mismo podría tener diferentes valores de intensidad dependiendo de la zona.

Temblores: diferencias entre oscilatorio o trapidatorio

Terremoto de 1960 en Chile, el seísmo más fuerte registrado. Wikimedia Commons

El terremoto de hace unas horas tuvo un temblor trepidatorio, sin embargo, el de hace unos días fue oscilatorio. Para complicarlo todo un poco más, la mayoría de los terremotos pueden contener ambos temblores a la vez. ¿Qué significan cada uno de ellos?

Lo primero que hay que entender para comprender estos términos es que la diferencia se encuentra en cómo se perciben. Si el movimiento se percibió de forma más vertical (sensación de martilleo en los pies), entonces es trepidatorio. En cambio, si el movimiento se percibió de forma más horizontal (sensación de que la tierra se mece de un lado a otro), entonces es oscilatorio.

Sin embargo, este tipo de temblores pueden variar según la percepción de cada uno, y la forma en que podemos sentir un terremoto cambia completamente en función de dónde estemos, el suelo en el que nos encontramos o incluso la distancia.

¿Hay alguno más grave que otro? Aunque se suele decir que los temblores trepidatorios causan más daños o son más destructivos, no es verdad. La mayoría de los investigadores indican que es un mito, y que ambos movimientos pueden causar el mismo perjuicio a las infraestructuras. De hecho, estas últimas dependen en gran medida de los materiales de los edificios dañados.

Los terremotos emiten siempre dos tipos de ondas que van directas al interior de la tierra: por una lado las primarias (P), y por otro las secundarias (S). Las primarias suelen ir acompañadas de un tipo de movimiento en la superficie con sacudidas verticales, por tanto, se suelen asociar con los temblores trepidatorios. Las ondas secundarias vienen acompañadas (o son percibidas) por sacudidas horizontales, por tanto, con temblores oscilatorios.

No son las únicas. De hecho, los seísmos también son capaces de generar otro tipo de ondas superficiales, incluso más peligrosas que las interiores, como son las ondas Love (producen movimientos poralizados horizontalmente, asociadas al temblor oscilatorio), o las ondas de Rayleigh (que producen un movimiento elíptico retrógrado del suelo, asociadas al temblor trepidatorio).

Lo curioso es que prácticamente todos los terremotos generan este tipo de ondas superficiales, y por tanto todos generan movimientos que oscilan verticalmente y horizontalmente. Como consecuencia de ello, cualquier seísmo puede ser percibido como un temblor trepidatorio y oscilatorio a la vez.
 Con todo y como decíamos al comienzo, se puede generalizar cuando hablamos de una ciudad o región tras un terremoto. En estos casos, siempre existe una mayoría que ha percibido el temblor de una u otra forma.