John Kahlbetzer, uno de los 50 hombres más ricos de Australia según la revista Forbes y un poderoso terrateniente en Argentina (donde reside), ha sido la última víctima de las vergonzantes estafas por email. No fue un príncipe nigeriano quien lo estafó, pero el magnate ha perdido un millón de dólares.

De acuerdo con Bloomberg, los estafadores se hicieron pasar por Kahlbetzer con una dirección de correo electrónico que era un caracter diferente a la suya, pero que había sido manipulada para que apareciera en la pantalla como su dirección auténtica. De esta forma consiguieron engañar a Christine Campbell, una de las socias del multimillonario de 87 años, para que hiciera una transferencia de un millón de dólares a una cuenta bancaria a nombre del británico David Aldridge.

Si bien el correo fraudulento “no estaba escrito en perfecto inglés”, Campbell pensó que Kahlbetzer lo había enviado con prisas y obedeció. Al fin y al cabo, era “razonablemente habitual” recibir una solicitud para transferir un millón de dólares desde la cuenta de Kahlbetzer, quien tiene un patrimonio de $950 millones según los datos recopilados por Forbes.

Kahlbetzer ha decidido demandar al tal Aldridge para recuperar el dinero, pero el británico sostiene que él también fue engañado y es otra víctima de la estafa. Su historia implica a una mujer que conoció por Internet y con la que creía mantener una relación amorosa. Según Aldridge, esta mujer, que se hacía llamar Nancy Jones, lo utilizó para defraudar a Kahlbetzer sin que él fuera consciente en ningún momento de que estuviera cometiendo una estafa.

 El abogado de Aldridge explica que el hombre tenía una buena excusa para creer ciegamente en su novia: llevaba saliendo con ella más de cuatro años. Según los documentos judiciales, Jones le había escrito poemas “y en muchas ocasiones le había dicho que lo amaba”. Aldridge pensó que el dinero que estaba transfiriendo a petición de su novia serviría para estar “juntos de verdad” y “vivir felices para siempre”.

Aquí viene lo más extraño: según los abogados de Kahlbetzer, Aldridge nunca conoció a Jones y tampoco ha proporcionado ninguna prueba de su existencia. En cambio, sí que “facilitó activamente el pago de la suma a su cuenta” y luego transfirió la mayor parte del dinero a otras cuentas de países como Estados Unidos, Hong Kong, Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos, Ghana y Nigeria. También dicen que Aldridge “tiene experiencia con fraudes de tipo amoroso” y que en otra ocasión ya había pagado dinero a una estafadora, que se hacía pasar por una holandesa llamada Iris.

Lo que no tienen los abogados de Kahlbetzer son pruebas de que Aldridge supiera que estaba realizando un fraude contra su persona, es la palabra de uno contra la de otro. Será un juez de un tribunal de Londres quien decida si el británico es el responsable de que el magnate perdiera uno de sus millones en esta extraña estafa que involucra direcciones de correo falsas y amores a distancia.