Tuvieron que pasar hasta 20 años para que ciertas partes del estado de Florida se recuperaran completamente del paso del huracán Andrew (1992), según Un Dispatch, la agencia de noticias de las Naciones Unidas (ONU). Y es que el daño posterior a un fenómeno de tales características no solo da cabida a graves problemas de infraestructura, sino también al aumento de enfermedades relacionadas con la contaminación y el calor, así como el empeoramiento del servicio de salud.

Ahora, tras el paso de los huracanes Harvey e Irma, este riesgo vuelve a aparecer.

Cuidado con el agua

“Utilice únicamente agua de una fuente segura para beber, lavar o preparar alimentos”, advierte la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas) en caso de huracanes. Esta recomendación se da porque las inundaciones que se presentan tras una tormenta suelen colapsar los sistemas de alcantarillado. ¿La consecuencia? El esparcimiento de aguas contaminadas.

Ciro Maguiña, médico infectólogo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, comentó que “la principal amenaza en estas situaciones son las enfermedades diarreicas”, como el cólera y la disentería. Se trata de la segunda mayor causa de muerte de niños menores de 5 años en el mundo, y ocurre por el consumo de agua y alimentos con residuos fecales.

Otro riesgo es la leptospirosis, una enfermedad bacteriana que provoca fiebres altas, dolor de cabeza severo, dolor muscular, escalofríos, hemorragias y vómitos. La infección se adquiere al entrar en contacto con orina de animales enfermos.

No obstante, Maguiña recalca que el tipo de enfermedades que se verán potenciadas por los huracanes “dependerá de las condiciones sanitarias previas de cada país”. Por ejemplo, tras el paso del huracán Matthew, en el 2016, aumentaron en un 50% los casos de cólera en Haití, según la OMS.

Amenaza con alas

Las tormentas también dejan varios lugares con aguas estancadas, que constituyen el hábitat ideal para la reproducción de mosquitos. Al crecer su población, crece también el riesgo de que estos insectos transmitan enfermedades como la malaria, el zika, el dengue y la chikunguña. Antes de la llegada del huracán Irma al Caribe, ya existía una alerta por malaria en Haití y República Dominicana. Es muy probable que ahora aumente el número de casos de este mal. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), las poblaciones de los tipos de mosquitos capaces de propagar virus pueden aumentar tras un huracán, especialmente en áreas que no se inundaron pero recibieron más lluvias de lo normal.

Emisiones peligrosas

Durante temporada de huracanes, suele aumentar el empleo de generadores eléctricos portátiles. Su uso en ambientes poco seguros y no ventilados puede ocasionar envenenamiento por monóxido de carbono (CO2). Las cifras del departamento de Salud de Florida dicen que en el 2005 este tipo de intoxicación provocó el 13% de todas las muertes relacionadas con huracanes. Asimismo, tras el huracán Sandy en el 2012, nueve personas murieron por esta circunstancia. Las autoridades del estado de Florida confirmaron esta semana que tres personas han muerto por CO2 luego del paso de Irma.

Acceso a la salud

El artículo de Un Dispatch asegura que el mayor impacto para la salud tras un devastador huracán es la destrucción de la infraestructura de los centros médicos. Los hospitales sin agua potable, electricidad o infraestructura mínima no pueden tratar a pacientes con cáncer o que hayan sufrido un ataque cardíaco, por ejemplo. Asimismo, los daños en la red de transporte pueden dificultar el acceso a medicamentos. Para Elmer Huerta, especialista en salud pública, todavía no hay “región en el mundo que esté completamente preparada para este tipo de desastres”.

Para tener en cuenta

Entre los especialistas existe consenso sobre el vínculo del cambio climático con el aumento en la intensidad de los huracanes.