El relato impacta. Circuló en las redes sociales y las protagonistas son dos chicas, una de 15 y otra de 19 años. La mayor rescató a la menor de un abuso sexual en una fiesta de egresados, en un boliche de la Costanera, el último fin de semana. No la conocía. Y contó en Facebook la situación y lo que le generó.

“Juliana, reaccioná, la están violando”, cuenta Juliana, la joven de 19 años, que pensó cuando se encontró afuera del boliche Caix con un grupo de al menos cuatro chicos que estaban manoseando a una adolescente a la que identifica, de manera ficticia, con el nombre de Violeta. El texto fue compartido en Facebook por una madre de la escuela ORT, y se viralizó en las redes sociales.

Juliana había ido a Caix a la fiesta de egresados de su hermana. En un momento salió a tomar aire con un amigo. Allí, en el espacio abierto que da al río, escuchó “una especie de grito femenino que no llegaba a ser grito, como un grito ahogado”. Cuando se acercó, vio “a una chica, una nena” que “no podía ni estar parada” y “estaba rodeada de chicos” que “la doblaban en altura”. “Dos la sostenían de los brazos mientras uno la empujaba contra la pared, donde estaba otro chico, este, desde atrás, le metía la mano adentro del short, mientras que el de adelante la tocaba por adentro de la remera”, sigue la narración de la joven.

Juliana quedó shockeada. Hasta que actuó. “Seguía sin poder moverme. La están violando. Juliana. Reacciona. JULIANA REACCIONA LA ESTÁN VIOLANDO. Rápidamente mi hermana paso por mi mente, bailando con sus amigas, divirtiéndose. Pensé en mis amigas, pensé en mis primas, pensé en mi vieja, pensé en todas las mujeres del mundo y corrí con toda mi fuerza”, escribe. Y entonces, golpeó a uno de los jóvenes y logró rescatar a la chica.

Juliana se cuestiona si estuvo bien en pegarle y se concede que fue “lo único que me salió”. Su relato no termina ahí. Cuenta que una amiga de la chica agredida cuestionó que la hubiera defendido. “Ella quiere”, dice que le dijo la otra adolescente. “¿Ella quiere? ¿Ella que no puede estar parada? ¿Ella que no puede hablar? ¿Ella que no sabe ni donde esta? ¿ELLA QUIERE?”, sigue Juliana.

La joven llamó a un guardia del boliche, le describió a los agresores y le pidió que llevara a Violeta a la enfermería. Juliana volvió a su casa, acompañada por su amigo, pero sin salir del shock por lo que había vivido. “Que cosa de locos que vivas tan tranquilo y nunca me vayas a entender. Que cosa de locos que el simple hecho de que tengas pito te da una seguridad que yo nunca voy a tener”, reflexiona la joven. A continuación, el relato completo:

Violeta.

Viernes 10 de noviembre, perdón, ya era sábado 11.

Fue la fiesta de egresados de mi hermana.

LA fiesta de egresados.

Si la habrá esperado, ansiosa, entusiasmada, contando los días.

El disfraz, el DJ, el boliche, las luces y la música.

El alcohol, alcohol, alcohol, mucho alcohol.

Pero no sólo los egresados, muchos chicos borrachos también.

Violeta.

Me acompaño un amigo.

“Dale acompañame a la fiesta de mi hermana, vamos un rato a ver que este todo bien y volvemos”.

“Sí, te acompaño”.

Violeta.

Llegamos. 1 de la mañana. Murga, batucada, trompetas y tambores.

Egresados eufóricos, bailando, saltando, cantando, tocando silbatos.

Divirtiéndose, más que nunca.

Violeta.

Entramos al boliche. Un viernes, ¿que se puede esperar? Sobraba gente, explotaba, en todos los rincones.

Mi hermana bailando, yo sacándole fotos, la vi ser feliz con sus amigos y amigas. Nada ni nadie podía arruinarle su momento.

Me paro 2 años atrás y me acuerdo cuando fue mi fiesta, la felicidad que tenía era inigualable. En ese momento creí que era lo más importante de mi vida y hoy me doy cuenta que es una anécdota más. Algunos me entenderán, otros no.

Violeta.

Violeta.

“Ju me muero de calor salgamos un poco” -me dice mi amigo.

Este boliche tiene una parte de afuera muy grande con vista al río, pero hay una parte especial donde no da mucha luz y estaba todo oscuro.

Pasamos caminando por ahí cuando escucho una especie de grito femenino que no llegaba a ser grito, como un grito ahogado.

Miro sobre el hombro de mi amigo que seguía caminando sin darse cuenta de lo que pasaba.

Violeta.

Veo una chica, una nena. No pasaba el metro cincuenta, morocha y flaquita. No podía ni estar parada.

Estaba rodeada de chicos, todos la doblaban en altura.

Dos la sostenían de los brazos mientras uno la empujaba contra la pared, donde estaba otro chico, este, desde atrás, le metía la mano adentro del short, mientras que el de adelante la tocaba por adentro de la remera.

Violeta.

Veía que la chica balbuceaba algo, movía la boca, pero me daba cuenta que no podía hablar.

Se me heló el cuerpo.

Veía como el chico de atrás con una mano la agarraba de la cintura y la otra la movía adentro del short, mientras que el de adelante cada vez le apretaba las tetas con más fuerza. Me dieron ganas de vomitar, no me podía mover, no podía ni hablar, mi cerebro iba a 100 por hora pero mi cuerpo no reaccionaba. Había perdido a mi amigo de vista. Era yo sola contra todos ellos.

Violeta.

Seguía sin poder moverme. La están violando. Juliana. Reacciona. JULIANA REACCIONA LA ESTÁN VIOLANDO. Rápidamente mi hermana paso por mi mente, bailando con sus amigas, divirtiéndose. Pensé en mis amigas, pensé en mis primas, pensé en mi vieja, pensé en todas las mujeres del mundo y corrí con toda mi fuerza.

Lo que para mí fue una eternidad debieron haber sido menos de 30 segundos, lo que para mí era una distancia interminable entre esa chica y yo debieron haber sido menos de dos metros.

Empuje a 3 de los chicos que la sostenían y la agarre de la muñeca, tiré de ella para poder sacarla de ahí pero el chico con la mano en su short no tenía muchas ganas de soltarla. Con mi mano en forma de puño junte toda la fuerza que tenía y le pegué en la cara al chico para que la suelte.

Me dolió, me dolió toda la mano, pero más me dolió el alma. Me dolió el corazón.

Me dolieron los ovarios.

Los cagones se fueron corriendo y los perdí de vista.

¿Estuve bien en pegarle? La verdad no lo creo, soy partidaria de que la violencia JAMAS se soluciona con mas violencia. Pero fue lo único que me salió.

“¿Como te llamas?”.

Se cayo encima mío no se podía mantener parada.

“Nena escúchame por favor, ¿como te llamas?”.

“Violeta” -balbuceo, le sentí el olor a alcohol enseguida.

“¿Violeta que?” -negó con la cabeza.

“Violeta, hermosa, me llamo Juliana. ¿Estas bien? ¿Me escuchas?”.

Se le doblaban las rodillas, se caía.

“¿Pero quién te crees que sos?” -escucho atrás mío- “Es mi amiga soltala” – me di vuelta y otro metro cincuenta, pero rubio, me gritaba y empujaba.

No sé como pude hablar, el nudo en la garganta me estaba haciendo presión y los ojos llorosos no me dejaban ver bien.

“¿No viste lo que le estaban haciendo a tu amiga? Reacciona piba” -grité.

“Ella quiere”.

Yo seguía sosteniendo a Violeta de un brazo. Violeta seguía sin poder pararse bien.

¿Ella quiere? ¿Ella que no puede estar parada? ¿Ella que no puede hablar? ¿Ella que no sabe ni donde esta? ¿ELLA QUIERE?

Ignore a la rubia.

“Violeta confía en mi por favor, ¿cuantos años tenes?”.

“Voy a segundo año” – Volvió a balbucear, ¿14, 15 años como mucho?

Me daba vueltas la cabeza.

Se me acerca otro metro cincuenta, esta vez varón.

“No la conozco mucho, la rubia es mi amiga, pero te digo algo de Violeta, es re puta. No te pongas mal por lo que paso”.

Es re puta. Puta. PUTA. RE PUTA.

Lo empujé y fui de vuelta a buscar a Violeta.

“¿Estás bien?” -pregunté por milésima vez.

Asintió con la cabeza, ni hablar podía.

“Salí de acá o te mato” -la rubia, otra vez.

“Escúchame, tengo casi 20 años entiendo un poco más de la vida que vos. Lo que estaban haciendo esos chicos NO está bien, ¿me entendés? CUIDA A TU AMIGA” -se rió en mi cara.

Violeta. Violeta cuídate vos sola porque hoy en día no podes confiar ni en tu propia sombra. Violeta.

“Te juro que estoy bien” -me dijo. Fue lo primero que formuló en todo el tiempo que había pasado.

Violeta estaba todo, menos bien.

Llamé a un guardia del boliche y le dije lo que pasaba. Le describí a los chicos lo más que pude, sí, eran chicos, cuando me quise dar cuenta ellos tampoco tenían más de 16 años. Sólo me puedo acordar del que no la soltaba, al que le pegué. Morocho, pelo largo, se fueron corriendo para allá. De tantos nervios no me puedo acordar cómo estaban vestidos.

No me podía ir. Esos chicos iban a volver. Y si no eran ellos, eran otros.

¿Qué puede hacer el guardia? ¿Sacarla? ¿Y si la violan en la calle?

Cuídate Violeta. Que hoy en día no se está segura en ningún lado.

“Llévala a la enfermería y que la busquen los papás, estaba vomitando” -fue lo más sensato que se me ocurrió.

El guardia asintió y vi cómo se la llevaba con la amiga siguiéndola hasta la enfermería, mirándome como si le estuviese arruinando la vida. Ya me lo vas a agradecer rubia.

Volví con mi amigo que seguía sin entender qué había pasado. Me tragué el nudo en la garganta y fui a bailar con mi hermana, mi persona favorita en el mundo.

Después de un rato empecé a sentirme mal, me estaba bajando la presión, me latía la cabeza y tenía muchas ganas de vomitar. Miré a los padres responsables que miraban la fiesta desde un piso de arriba, y ya siendo casi las 4 de la mañana le dije a mi hermana, “no te vayas a la parte oscura, quédate siempre a la vista de los papás, ¿entendés?”. -Asintió y siguió bailando en la tarima, me quedé tranquila sabiendo que de ahí no se iba a bajar. Ahora que lo pienso se lo debería haber dicho a algún padre, pero en ese momento ni yo lo podía procesar. No podía hablar, no podía explicarlo.

Me subo al auto y toda la angustia, la bronca, el miedo, todo lo que me había tragado, salieron. Lloré todo el camino a casa.

Mi amigo me miraba, hablándome de otra cosa o poniendo música para que me distraiga y tranquilice.

Que cosa de locos que vivas tan tranquilo y nunca me vayas a entender.

Que cosa de locos que el simple hecho de que tengas pito te da una seguridad que yo nunca voy a tener.

Violeta.

Que cosa de locos, Violeta.

Lucho por vos Violeta, y por todas. Te lo prometo.

Violeta.