El Sol estuvo muy activo ayer. A las 5:10 de la madrugada (hora de la costa este de Estados Unidos), el telescopio espacial Solar Dynamics Observatory registró una primera fulguración solar de intensidad X2,2 que quedaría empequeñecida a las 8:02 por una segunda erupción de intensidad X9,3.

Según la NASA, este segundo evento fue la mayor fulguración solar en 12 años de observación constante del Sol. Las fulguraciones son explosiones de radiación que se clasifican como A, B, C, M o X dependiendo del flujo de rayos X. Las de tipo X son las más potentes y tienen su propia escala lineal de 1 a 9: una X2 es dos veces más intensa que una X1, y así sucesivamente.

 Ambas erupciones salieron de una región denominada AR 2673 que ya había producido una fulguración de nivel medio el 4 de septiembre de 2017. La erupción X9,3 ha sido la más potente del actual ciclo solar, que comenzó en diciembre de 2008 y ahora se encamina hacia el mínimo solar. En esta fase las fulguraciones son cada vez menos frecuentes, pero pueden ser intensas.

La intensa radiación ultravioleta de la explosión ionizó las capas altas de la atmósfera de la Tierra produciendo apagones en las señales de radio HF y degradando durante aproximadamente una hora las comunicaciones GPS. La llamarada también lanzó materia de la corona solar al espacio, por lo que podría producir tormentas solares como las que precisamente están ocurriendo estos días tras la eyección del 4 de septiembre.