Medellín. – El teleférico o metrocable que construye el Gobierno para facilitar el transporte a los moradores de la periferia del río Ozama es una realidad que disfrutan desde hace aproximadamente doce años en Medellín, Colombia, como parte de un sistema integral que abarca metro, tranvía y autobuses de tránsito rápido.

Este medio de transporte aéreo que tradicionalmente había sido utilizado con fines turísticos en las zonas de montaña, fue la innovadora apuesta de esta ciudad colombiana con una población ligeramente inferior a la del Gran Santo Domingo (2 millones 600 mil habitantes), para conectar a los barrios de bajos ingresos ubicados en los empinados cerros con el centro de la ciudad.

Se trata de un referente mundial que ya ha sido replicado en países como Brasil y Venezuela, y que, según las autoridades, ha contribuido a reducir los altos índices de criminalidad y violencia que mantenían la ciudad entre las 10 más violentas del mundo.
Este proceso de desarrollo paulatino, basado en lo que ellos llaman urbanismo social, iniciado a principios del año 2000, ha disminuido la cantidad de muertes violentas, pasando de 7 mil homicidios en el año 1991 a 900 en el 2014.

Según explicó a elCaribe el director de transporte integrado del World Resources Institute, Darío Hidalgo, estas intervenciones impulsadas por el ayuntamiento, con apoyo del Gobierno nacional, comenzaron a modificar el patrón de comportamiento de las personas a través de la mejora, no sólo del transporte, sino también de las condiciones básicas de vida de su gente, con la generación de espacios públicos de calidad, como parques, escuelas, canchas de fútbol, restauración de fachadas de viviendas y murales artísticos que impregnan un aire de optimismo entre sus habitantes.

Es lo que manifiesta la señora Blanca Arbeláez Valencia, quien con un solo pasaje, valorado en 2 mil pesos colombianos, equivalentes a 69 centavos de dólar, puede utilizar el servicio de tren, tranvía, metrocable y autobuses con sólo pasar la denominada Tarjeta Cívica.

“Esto está muy bueno. Antes bajaba en las busetas y me tardaba una hora y hasta más, y a veces, cuando a ellos (los choferes) les daba la gana nos dejaban abajo a tres esquinas y nos tocaba subir con el mercado (la compra). Es más económico acá y más seguro. La zona era muy violenta, ya cambió todo”, asegura la pasajera mientras observa el caserío de ladrillos y tejas.

Durante una visita guiada a periodistas de diez países de Mesoamérica y el Caribe, incluido República Dominicana, como parte del taller de Seguridad Vial organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Hidalgo, quien fue Subgerente de Transmilenio SA, y director del proyecto metro de Bogotá, explicó que cada una de las cuatro líneas de cable en funcionamiento han costado alrededor de US$70 millones, y junto a los otros componentes han generado un transporte de alta calidad y seguridad para los habitantes de Medellín, especialmente para los que residen en asentamientos surgidos como fruto de la informalidad y la falta de planificación urbana.

Este sistema de cables está unido con el tranvía de Ayacucho, que recorre cuatro kilómetros y medio y moviliza hasta cuatro mil pasajeros por hora, cuyo costo de construcción fue de US$220 millones. El tranvía, a su vez, conecta con el Metro y sus 27 estaciones distribuidas por Medellín, el cual costó US$2,000 millones. Entre todos mueven más de un millón de pasajeros diariamente.

Contrario a lo que ocurre en las dos líneas del Metro de Santo Domingo, inauguradas en 2009 y 2013, cuyas estaciones lucen deterioradas, con filtraciones, escaleras eléctricas y ascensores fuera de servicio, en Medellín se mantiene un excelente mantenimiento y servicio a los usuarios, pese a tener mayor tiempo en operación.

Allí impera lo que han bautizado como “cultura Metro”, entendida como una nueva cultura ciudadana basada en la convivencia armónica y el respeto de las normas básicas en el uso de los bienes públicos.

Fiscalización y foto multas

Otro punto a favor del transporte colectivo en esta ciudad, capital del departamento de Antioquia, es la excelente iluminación y señalización vial, unido a una estricta fiscalización de los conductores que son monitorizados las 24 horas del día a través de las 1,280 cámaras de video a disposición del Centro de Control de Tránsito de la Secretaría de Obras Públicas.

Este sistema inteligente de movilidad, inaugurado en 2011, detecta los vehículos mal estacionados, el exceso de velocidad, los que cruzan los semáforos en rojo, los que tienen los documentos de circulación vencidos, entre otras infracciones.

Para ello, cuenta con 30 puntos de foto detección, dotados con cámaras y sensores que detectan la infracción y la capturan automáticamente en una foto, la cual es posteriormente validada o descartada por los agentes de tránsito para proceder a enviarla al domicilio del conductor en cualquier parte del país donde se encuentre.

El coordinador del centro de foto detección, Leandro Gómez, explica que el valor de las multas equivale a la mitad de un salario mínimo que ronda los US$270 y suelen ser pagadas por el 55% de los conductores. Al 45% restante que tarda en el pago se le aplica cobro coactivo, que puede incluir la toma de sus cuentas bancarias y otros bienes.

Al igual que en el país, en Medellín las motocicletas ocupan el 60% del parque vehicular y sus conductores suelen aportar junto a los peatones la mayor cantidad de muertos en los siniestros viales.

Por esto, la OPS y el BID proponen a los países de la región la adopción de una serie de medidas para mejorar la seguridad vial, como son el control y reducción de la velocidad, así como el acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, y sostenibles, entre otras.