Esa pregunta sirvió como punto de partida para un nuevo estudio sobre los hábitos de ejercicio, uno de los primeros en usar información extraída de los usuarios de una red social para compartir rutinas de ejercicio.

Los investigadores se enfocaron en los corredores, porque la mayoría de los participantes de la red lo eran. Lo que descubrieron sugiere que la calidad y la cantidad de ejercicio podría depender en gran medida de nuestra respuesta al entrenamiento de otras personas.

Los resultados también dan algunos consejos prácticos para los corredores: sugieren que si deseas mejorar tu rendimiento, podrías hacerte amigo de aquellos que son un poco más lentos que tú y están cerca de alcanzarte.

Desde hace algún tiempo existen indicios sobre lo contagioso que puede ser nuestro estilo de vida y nuestra salud. Al usar datos de encuestas y actualizaciones en redes sociales, los científicos encontraron que la obesidad, la ansiedad, la pérdida de peso y algunos comportamientos, como las rutinas de ejercicios pueden compartirse e intensificarse entre amigos.

Sin embargo, esos estudios tenían limitantes particularmente porque tendemos a rodearnos de nuestros pares. Este fenómeno, que los investigadores llaman homofilia (amor a los iguales), dificulta discernir cómo es que los amigos se influyen entre sí. Muchos de estos estudios también se basaban en la percepción, muy poco confiable, que la gente tiene sobre sus propios comportamientos, ya sean alimentarios o de ejercicio.

El nuevo estudio, publicado en Nature Communications, intentó eliminar estos inconvenientes al utilizar datos medidos de manera objetiva de una red social mundial dedicada a compartir rutinas de ejercicios (la red social no se identifica en el estudio por razones legales, según los investigadores).

La gente que se une a la red carga sus datos desde un monitor de actividad, el cual registra con precisión sus rutinas diarias de ejercicios. La gente también puede hacer amigos virtuales con aquellos en la red que les parezcan compatibles; entonces compartirán automáticamente los detalles de sus rutinas.

Los amigos tenían rutinas similares de entrenamiento día con día y año con año, incluso si estaban separados geográficamente.

Los investigadores de la Escuela de Administración Sloan del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) reunieron los datos de 1,1 millón de corredores en todo el mundo durante cinco años. En ese tiempo, los miembros de la red corrieron casi 362.102 millones de kilómetros en total.

La identidad de los corredores se mantuvo secreta, pero los investigadores podían rastrear exactamente qué tan seguido, qué tan lejos y qué tan rápido habían corrido en cada día de esos cinco años. Del mismo modo, también podían determinar qué tan seguido, cuán lejos y rápido habían corrido sus amigos en los mismos días y los subsecuentes.

Al comparar los datos, los investigadores notaron inmediatamente correlaciones. Los amigos tenían rutinas similares de entrenamiento día con día y año con año, incluso si estaban separados geográficamente. Sin embargo, aún no estaba claro si los corredores influían en la distancia y modo de correr de otros o simplemente se juntaban virtualmente con gente que corría como ellos.

Así que los investigadores tomaron en cuenta el clima como un factor adicional. El mal tiempo puede minar el entusiasmo para ejercitarse, pensaron los investigadores, así que si alguien sale a correr con mal clima en un día en que sus amigos en otros lados también corrieron, es posible que lo que sus amigos hicieron haya influido en el corredor (aunque le haya llovido). Los investigadores reunieron cinco años de datos provenientes de las estaciones climáticas del mundo y cruzaron la información de esta inmensa base de datos con la de las rutinas diarias de los corredores.

Los resultados mostraron que los corredores claramente ejercen influencia los unos sobre los otros. En general, si una persona corría más o menos 10 minutos más de lo usual en un día cualquiera, sus amigos alargaban las rutinas por aproximadamente tres minutos, incluso si el clima era adverso. Del mismo modo, si alguien corría más rápido de lo normal, entonces sus amigos solían acelerar el paso de sus carreras ese mismo día.

Los investigadores descubrieron que los efectos eran mayores si un corredor había sido ligeramente más lento o estado en peor forma que uno de sus amigos en el pasado, pero ahora podía superar el desempeño de su amigo. La amenaza de quedar rezagado lo impulsaba a correr un poco más duro.

En resumen, los resultados indican que, con sus salvedades, “correr puede ser contagioso”, dice Sinan Aral, profesor de administración en el MIT y líder del estudio.

La influencia “va más allá de la correlación causal”, dice. “En general, si corres más, es posible que ocasiones que tus amigos también corran más”.

Sin embargo, los resultados se refieren solo a aquellos que ya son corredores puesto que la información que él y sus colegas utilizaron provenían de quienes ya se ejercitaban de esa manera. No nos pueden decir si otros tipos de ejercicios son igual de contagiosos o cómo hacer que el ejercicio se vuelva más apetecible entre la gente inactiva.

Aral y sus colegas tienen planes a corto plazo para utilizar datos de otra red social con el fin de responder esas preguntas.