Francia ha decidido ponerse seria en la lucha contra el movimiento antivacunas. La asamblea nacional francesa acaba de anunciar un paquete de medidas prioritarias en materia de salud. La más llamativa es que la vacunación infantil será obligatoria, por ley, a partir de 2018.

Actualmente solo hay tres vacunas obligatorias en Francia: la de la difteria, la del tétanos y la de la polio. El resto solo se recomiendan. A partir de 2018 los padres estarán obligados a administrar un total de 11 vacunas. El anuncio no abunda en detalles sobre qué pasaría si los padres deciden no cumplir esa normativa, pero no hay que irse muy lejos para buscar ejemplos sobre las consecuencias. En mayo de este año, Italiadecidió hacer obligatorio un calendario de 12 vacunas. Los padres que no certifiquen el tratamiento no obtendrán plaza para sus hijos en centros de enseñanza públicos y se enfrentan a sanciones económicas.

Resulta bastante surrealista que haya que recurrir a las leyes para obligar a ciertos padres a vacunar a sus hijos contra enfermedades potencialmente mortales, pero así está el panorama. Una reciente encuesta puso de manifiesto que tres de cada 10 franceses desconfían de las vacunas, y solo la mitad cree que los beneficios de vacunar a los pequeños son mayores que los riesgos. La Organización Mundial de la Salud ha alertado de un brote de paperas que se extiende por Europa pese a que existe desde hace tiempo una vacuna contra esta enfermedad.

Durante la sesión de la Asamblea Nacional, el primer ministro francés Édouard Philippe, ha dicho que es inaceptable que haya niños muriendo de paperas en un país como Francia, que vio nacer a Louis Pasteur y que ha sido pionero en el desarrollo científico de las vacunas. En los dos primeros meses de 2017 se han registrado 79 casos de paperas en territorio francés.

El movimiento antivacunas se basa en un estudio publicado por el doctor Andrew Wakefield en el diario The Lancet hace 20 años. En aquel estudio se asociaba el autismo con la vacuna triple viral o SPR (MMR por sus siglas en inglés) que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola. Los resultados de aquel informe se han demostrado erróneos en decenas de estudios posteriores, pero el mal ya estaba hecho, y cada vez está más extendido.