En un mundo como el actual, donde dependemos tanto de la infraestructura eléctrica, nuestra estrella favorita podría jugar un papel catastrófico con las llamaradas solares. Por esta razón un equipo de Harvard propone una solución insólita: un gigantesco escudo magnético.

Además de la evidente dependencia actual a las redes eléctricas, nuestra actividad humana también está ligada cada vez más de las infraestructuras ubicadas en la órbita terrestre baja, con los satélites de comunicaciones y GPS. Por esta razón las llamaradas se consideran un peligro serio.

 El estudio presentado recientemente por un equipo de científicos de la Universidad de Harvard bajo el título de Impact and Mitigation Strategy for Future Solar Flares, refleja ese temor y propone una respuesta fascinante.

Los investigadores explican que las llamaradas solares han estado en marcha durante más de 150 años, con el famoso evento Carrington de 1859. Desde entonces, el hombre ha dedicado mucho esfuerzo al estudio de las erupciones solares desde el punto de vista teórico.

Gracias a ello, hoy tenemos un conocimiento mucho más amplio sobre el espacio. Sin embargo y al mismo tiempo, el hombre ha ido tejiendo una sociedad cada vez más dependiente de la electricidad y la infraestructura espacial. Por ello también, el ser humano se ha hecho más vulnerable a los eventos climáticos extremos. Según explica Abraham Loeb, uno de los investigadores:

En términos de riesgo desde el cielo, la mayor parte de la atención en el pasado se dedicó a los asteroides. Estos mataron a los dinosaurios y su impacto físico en el pasado fue el mismo que ocurrirá en el futuro, a menos que sus órbitas sean desviadas. Sin embargo, las llamaradas solares tienen poco impacto biológico y su impacto principal estará enfocado a la tecnología

Hace un siglo, no había gran infraestructura tecnológica, los avances han estado creciendo exponencialmente, por lo que el daño es altamente asimétrico entre el pasado y el futuro.

Un escudo magnético contra las llamaradas solares

Ilustración de la propuesta de escudo. Lingam and Loeb, 2017

Para abordar el problema, los investigadores de Harvard han desarrollado un modelo matemático con el que evaluar las pérdidas económicas causadas por la actividad de una llamarada solar en el tiempo. Este modelo consideró el riesgo creciente de daño a la infraestructura tecnológica basado en dos factores.

 En primer lugar, consideraron el hecho de que la energía de las llamaradas aumenta con el tiempo, y lo unieron al crecimiento exponencial de la propia tecnología y el PIB en el planeta. Determinaron que en escalas de tiempo más largas, los tipos de llamaradas muy potentes son mucho más probables. Según Loeb:

Prevemos que dentro de los próximos 150 años habrá un evento que causará daños comparables al actual PIB estadounidense de 20 billones de dólares, y el daño aumentará exponencialmente en épocas posteriores hasta que el desarrollo tecnológico se saturará. Esta predicción no se intentó antes. Además, sugerimos una idea novedosa para reducir el daño de las partículas energéticas: un escudo magnético que no fue propuesto antes.

El equipo piensa que ante el posible colapso electrónico, debemos considerar la idea de colocar un escudo magnético entre nuestro planeta y el Sol. Exactamente y según sus estudios, debería colocarse en el punto L1 de Lagrange del sistema Sol-Tierra, espacio donde sería capaz de desviar las partículas cargadas y crear un arco de choque artificial alrededor de nuestro planeta.

¿Y esto es posible? Según sus estimaciones, el escudo es técnicamente factible en términos de sus parámetros físicos básicos. El equipo fue capaz de proporcionar una representación gráfica para la construcción del mismo, incluso plantean los costes aproximados. Según Loeb:

El proyecto de ingeniería asociado con el escudo magnético que proponemos podría tomar algunas décadas para construir en el espacio. El coste de levantar la infraestructura necesaria al espacio (unas 100.000 toneladas) probablemente será de unos 100 mil millones de dólares.

Un dineral, pero como aseguran los investigadores, muy poco si lo comparamos con los daños que han calculado que supondrían las llamaradas en un siglo. Un enorme y gigantesco escudo en órbita en el punto L1 de Lagange podría ser la solución a esas poderosas tormentas magnéticas que anuncian el apocalipsis, la llegada de una época sin Internet.